Mario Delgado en el engranaje

Publicado en revista virtual LIMA GRIS 12-nov-2016

Mario Delgado en el engranaje

ESCRIBE ALBERTO MEGO

“Detrás del pretexto de la sobrevivencia, nos vemos obligados hacer “el teatro que el público quiere”, y dejamos de ser honestos con nuestro impulso creativo, que por naturaleza tiene que ser subversivo, es decir, que subvierta las costumbres conservadoras, los estereotipos, los clichés y los mecanicismos de una sociedad cada vez más inhumana. Ser subversivo en el arte, es reclamarle a la verdad la verdad y a la libertad la libertad”.

MARIO DELGADO (1)


En 1959, con Fidel Castro al mando, un conjunto de audaces barbudos defenestró al dictador Batista y tomó el poder en Cuba. La influencia de la guerrilla cubana se extendió en toda Latinoamérica. Aparecieron experiencias similares en varios países. En el Perú, los intentos del ELN (1963) y del MIR (1965) fueron pronto sofocados. En ese contexto, partícipes de la sensibilidad generacional y contestataria que protagonizaba el país, y agitados por los movimientos sociales que estremecían el Perú y el mundo (París, mayo del 68; la derrota del ejército norteamericano en Vietnam, mismo año), un grupo de talentosos jóvenes actores se unió en Lima para montar un espectáculo teatral de protesta que llamaron “Tu país está feliz”, basado en la obra del brasileño Antonio Miranda (2) que dio inicio a una de las experiencias más intensas del teatro nacional. En 1971, bajo ese espíritu, nació el grupo peruano CUATROTABLAS con el ímpetu de Mario Delgado.
Con una definida línea poética, expresada principalmente en el énfasis de la experimentación corporal y verbal, constante a lo largo de su extenso accionar en el teatro, Cuatrotablas realizó obras como “!Oye¡”(inspirada en “Venezuela tuya”, de Luis Britto García), y “El sol bajo las patas de los caballos” (del ecuatoriano Jorge Adoum, sobre la conquista española) que impactaron en la juventud por su mensaje identificado con aquella sensibilidad generacional, reclamando una mirada crítica a la realidad. Destacados actores y actrices como Soledad Mújica, Alberto “Chino” Chávez, Hilda Collantes, Enrique Avilés, Marco Iriarte, Tito Falvy, Carlos Cueva, Luis Nieto, Oscar Lozano, Aurora Mendieta, Lucho Ramírez, Ricardo Santa Cruz, entre otros, acompañaron a su director Mario Delgado en esas primeras jornadas. Recientemente fallecido, Mario Delgado es sin duda un maestro del teatro peruano.
En 1968, las fuerzas armadas con el general Velasco Alvarado a la cabeza habían dado un golpe de estado al gobierno del arquitecto Belaunde Terry e inaugurado una peculiar “revolución”. Una corriente populista recorría todos los ambientes. Después de la amnistía que se había decretado en 1970, los presos políticos fueron liberados y la memoria del poeta guerrillero Javier Heraud cobró una real dimensión. Para la juventud, era el compromiso social el carné de identidad para acceder a la ciudadanía de la sociedad superior que todos querían construir. Justamente en 1970, el grupo teatral más conocido entre los jóvenes YEGO, Teatro Comprometido, con la dirección de Carlos Clavo, había terminado un intenso período e iniciado otro, dejando en el público urbano la necesidad de un teatro dinámico, musical, siempre reflexivo.
En medio de nuevas situaciones en el ámbito cultural, el gobierno de Velasco creó en 1973 un elenco de teatro oficial: el Teatro Nacional Popular (TNP), con la dirección de Alonso Alegría (3). Es pues la búsqueda de lo nacional y lo popular que caracteriza este período, aunque para las certidumbres de los numerosos grupos de teatro que aparecieron a lo largo del país y que se reclamaban comprometidos y populares, el TNP estaba muy lejos de aquello. Sin embargo, ahora el grupo Cuatrotablas es alentado ya no solo por el enorme caudal de juventud que los sigue, sino también por el flamante Instituto Nacional de Cultura y por el TNP.
Es principalmente por su mensaje juvenil y su disciplina en la escena que recibe la acogida del público, y pronto realizan muchas giras por capitales de América y Europa. En su afán de participar en la formación del nuevo teatro latinoamericano y en la búsqueda de una técnica propia (4), proponen la creación colectiva como método –es decir, los actores crean sus propias obras, forma que ya venía desarrollando el Libre Teatro Libre de Córdoba (Argentina)– así como asumen la influencia del polaco Jerzy Grotowski y del italiano Eugenio Barba, quienes desde el horizonte escéptico del teatro europeo renunciaron al teatro convencional, el de cámara y taquilla, para sugerir un espectáculo de pulsiones libres y de emociones estilizadas, donde los conceptos estén al servicio de la expresividad corporal. Un teatro en sí y para sí.
Pero los acontecimientos de la realidad precipitan cambios inesperados. Grandes movilizaciones de la población en todo el Perú hicieron caer primero a Velasco Alvarado (febrero, 1975) y sobre todo a Morales Bermúdez (junio, 1977). La participación de éste en el “plan cóndor”, instrumentado por Estados Unidos para desaparecer y asesinar a dirigentes sociales de varios países latinoamericanos, fue puesta al descubierto y denunciada. El golpe fascista de Pinochet había caído sobre el gobierno de Unidad Popular y Salvador Allende en Chile (1973), mientras en Argentina Videla torturaba y asesinaba sin piedad a sus oponentes. La inconformidad de las multitudes contra el gobierno, y más allá de este, contra el sistema, se agudizaba día a día.
En esa atmósfera polarizada, en narrativa como en poesía, los grupos Narración (1966) y Hora Zero (1970) reclamaban del arte un posicionamiento político a favor de los más oprimidos. Y con el concurso de destacados hombres y mujeres de teatro como Jorge Acuña, Edgar Guillen, Aurora Colina y Sara Jofreé, entre muchos otros integrantes de los tantos grupos de teatro popular (5),  se movilizaron masivamente los jóvenes actores del teatro peruano de entonces. El grupo Cuatrotablas, con Mario Delgado, estuvo allí, participando en la fundación de ese incipiente movimiento teatral.
El debate sobre el destino de la sociedad peruana en aquel momento, y de manera especial sobre el papel del arte y la literatura, fue enriquecedor en muchos aspectos. Y siendo fundamentales los altos propósitos de la labor teatral, de la labor cultural, los grupos adquirieron una gran responsabilidad y, en consecuencia, mucha rectitud en sus presentaciones. El público era su más respetable destinatario. Es verdad que los autores se vieron relegados en su representación escénica. Pocos años atrás, la MESA DE TEATRO, un importante esfuerzo por unir a los escritores teatrales dirigido por Juan Rivera Saavedra, se había desintegrado. Al calor de la modalidad en boga, los grupos eran autores colectivos de sus propias obras, y en algunos casos, como el grupo YUYACHKANI (1971), pronto se representaron los conflictos más complejos de la actualidad, aquellos donde los intereses sociales se veían más enfrentados. Ellos provenían de YEGO, teatro comprometido, y poniéndose a la cabeza de tal movimiento demandaron que el teatro marchara compaginado con las luchas de los obreros, de los campesinos, trasmitiendo un mensaje redentor, revolucionario, como entonces expresaban sus obras.
Mario Delgado y el grupo Cuatrotablas no cedieron un ápice en su propuesta artística de laboratorio y experimentación teatral, reflejando la realidad a su manera. Su mística por el teatro como estética era indoblegable, y a todas luces Delgado es director y dramaturgo de sus puestas, que en los debates defiende con pasión. Con mucho éxito, presentaron la obra “Encuentro”. Era el año 78. Con el auspicio de la UNESCO organizan el 1er Taller Latinoamericano de Teatro de Grupo en Huamanga, Ayacucho, donde llega el ODIN TEATRET de Dinamarca con su director en persona, Eugenio Barba, el alumno predilecto de Grotowsky. Bajo esta influencia, muchos pasaron de la “creación colectiva” al teatro de grupo y seguidamente al “tercer teatro” (6) según la nueva antropología teatral de Barba. Cuatrotablas estrena “Equilibrios” y “Los Cómicos”. El Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT) les entrega en Caracas el premio OLLANTAY, en mérito a su despliegue creativo, siendo el primer grupo peruano en recibir tal distinción. Auspiciados por el Goethe Institut de Lima,participan en importantes festivales europeos donde comparten experiencias con los hombres y mujeres de teatro más reconocidos del mundo.
Mientras tanto, en el Perú se inicia el período más convulsionado de su historia. En los años 80, con su ya anunciado signo de ardiente contradicción y muerte (7), muchos grupos hacen del teatro una burbuja y de la técnica su baluarte, indagando en las raíces, en los orígenes, sumergidos en el Perú profundo. Con estas influencias, aquel movimiento de teatro popular gira hacia un teatro independiente. Mario Delgado es por supuesto uno de sus mejores representantes. Preside el Movimiento de Teatro Independiente (MOTIN). Sus propuestas indagatorias sobre la expresividad corporal, así como su inmenso amor por el teatro como género artístico, dominan el nuevo ambiente teatral. Mario Delgado es un virtuoso de la forma, aporta al teatro peruano su sentido de la disciplina, y en un lugar tan inhóspito para los artistas, su cabal persistencia.
En 1986 recibe el “Premio Nacional de Teatro” del Instituto Nacional de Cultura del Perú.
En los 90, ya derrotado el movimiento insurreccional, y sobre todo después del 2000, el neoliberalismo se impone en todos los frentes. Los artistas del teatro, arrinconados frente al mercado, ven que los nuevos criterios de valoración escénica provienen de los medios de comunicación, la tv, el cine, donde se distorsionan verdades y se fomenta la estupidez.
“En el 2008 el teatro de grupo estaba sepultado, no por el teatro de grupo, no por el teatro sino por el grupo, la sociedad había decidido sepultar en el consumo al grupo, eliminarlo de la naturaleza humana y fomentar el individualismo”, afirma con desencanto Mario Delgado (8). En medio de muchas dificultades, dueño de un gran optimismo, continúa con sus discípulos, con sus montajes. Ha adquirido una mayor valoración por los conceptos, por las palabras, y se apoya en los autores clásicos, experimentando siempre, o en Mariátegui, Vallejo, Arguedas, que para el actual momento son nuestros clásicos. Los recrea y a través de ellos se expresa políticamente. Comprende que en esta nueva vitrina, el teatro no tiene salida. Y se rebela frente a la situación: “No queremos hacer espectáculos para sobrevivir en esta sociedad canalla, en la que no hay esperanza de que las autoridades políticas cambien y se transformen en seres humanos alfabetos y cultos. Basta leer los periódicos y ver la televisión diariamente, para corroborar todo esto; no estoy exagerando… Hay que hacer un trato directo con “el público”, que está dispuesto a ver “el teatro que nosotros queremos hacer”, un teatro vital y urgente, para cambiar de raíz el ser peruano que somos. No estamos de acuerdo que este sea un problema total de la sociedad, creo que hay un pueblo generoso. Este es un problema creado por la clase social que fundó la República y sus herederos, quienes han usufructuado el poder, hasta hoy.” (9) Y finalmente, propone un arte rebelde: “Hacer un arte incorruptible es hacer un arte subversivo en un mundo donde la esencia del poder, es decir la acción de los poderosos, ha sido en toda la historia el aprovechamiento de la corruptible fragilidad humana” (10).
No sabemos cuánto demande poner al descubierto las verdades ocultas de la historia del Perú, pero estamos seguros que Mario Delgado es un gran protagonista del teatro peruano, una rueda dentada del engranaje, como tuvimos hace poco oportunidad de decírselo personalmente, después de presenciar su “Hamlet” en la Casa de la Literatura, donde lo saludamos y abrazamos por primera vez y para siempre.
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Notas
1.- http://www.cuatrotablas.net/?q=content/los-escollosos-burocraticos
2.- http://www.antoniomiranda.com.br/obras_publicadas/obrascomentarios/tpais_esp.pdf
3.- https://journals.ku.edu/index.php/latr/article/viewFile/168/143
4.- http://www.cuatrotablas.net/?q=node/156
5.- “El teatro popular y de aficionados en Lima (1970-1980)”. Alberto Mego. Publicación del Club de Teatro de Lima y el Plan de Teatros Pilotos. Lima, 1983.
6.- En este texto Eugenio Barba formula la idea de un Tercer Teatro. La marginalidad, el autodidactismo, la dimensión ética y existencial del oficio, así como la nueva vocación social, le parecen las características fundamentales de una realidad teatral compuesta por grupos que no se vinculan ni al teatro tradicional ni al teatro de vanguardia.
http://www.odinteatretarchives.com/MEDIA/DOCUMENTS/EB_THIRD_TEATRE_SP.pdf
7.- Entonces, casi la totalidad de los partidos de izquierda defendían las armas como la única vía para la transformación social: ROCHABRUN (1988): “Izquierda, democracia y crisis en el Perú”, revista Márgenes; RÉNIQUE (2003): La voluntad encarcelada. Las ‘luminosas trincheras de combate’ de Sendero Luminoso del Perú, Lima: IEP; SANDOVAL (2005): Radicalismo estudiantil y los orígenes de la universidad clasista “popular”. Lima: IEP.
8.- http://teatroclub.pe/portal/especiales/mario-delgado
9.- http://www.cuatrotablas.net/?q=content/los-escollosos-burocraticos
10.-http://www.cuatrotablas.net/?q=content/el-mal-del-teatro-peruano-es-el-mal-de-un-pais-suicidado

"El Atusparia de Alberto Mego: Dinámica de un drama andino bilingue". Por Tracy K. Lewis


Desde una biblioteca de Alemania, 26 años después de su publicación en el vol. 6 (1990) de la revista académica Chiricú Journal: Latina/o Literatures, Arts, and Cultures, llega a mí el artículo "El Atusparia de Alberto Mego: Dinámica de un drama andino bilingue" del hispanista norteamericano Tracy Lewis, Profesor en el Department of Modern Languages and Literatures, State University of New York (SUNY), Oswego, New York. "Atusparia", esta obra que escribí en los primeros años de los 80, fue mi interpretación de un levantamiento campesino ocurrido en Huaraz en 1885. Ha sido muy satisfactoria esta lectura que ahora comparto, porque resume muy bien la intensión que tuve en aquel tiempo: mostrar la fulgurante presencia de la masa, liderada por un indio rebelde, y en un idioma que los mestizos seguimos desconociendo, como en general desconocemos tanto nuestra propia historia. De un saber y una indignación ancestral, del antiguo colectivismo que subsiste hasta hoy en algunas comunidades andinas, intenta tratar esta obra, y así lo comprendió Tracy Lewis. Porque no era solo la violencia que se veía venir, sino también ese otro rostro pugnando por expresarse, que en este drama como en otros de la realidad, siguen demandando atención sobre las lecciones a que toda experiencia nos invita. En estos días, la población de Cotabambas en Apurimac ha protestado enérgicamente porque una empresa minera pretende imponerse y desconocer acuerdos. Hay un muerto, y el año pasado hubo otros tres. No son la encarnación de Atusparia, pero en torno a su espíritu la comunidad vuelve a exigir que se respete su condición de peruanos.



ARTICULOS PUBLICADOS EN FACEBOOK


Tres Actos
Reseña: PARIENTES LEJANOS de JOHUSELINE PORCEL
dirigida por VANESSA VIZCARRA
Acongojados, vuelven a la provincia andina en el corazón del Perú, los hijos y nietos de la mujer que acaba de morir y cuyo cadáver no quiere cerrar los ojos. Durante el velorio, en el encuentro de los que desarrollan sus vidas en la ciudad y aquellos que se quedaron en el pueblo, la familia está unida en torno a la difunta madre y afloran cariñosas remembranzas acompañadas de fe y superstición. Pero apenas acabado el entierro hay un tema que cuanto antes todos quieren resolver, a excepción del hijo mayor del que hace mucho tiempo no se sabe nada: la cuestión de la herencia. Con el ánimo crispado, todos quieren tener la mejor parte, se reprochan conductas del pasado y mutuamente se acusan de no merecer el reparto de la tierra. Una noticia de último momento los sobrecoge: entre los muertos hallados en una recién descubierta fosa común, identificado por su libreta electoral, se encuentra el hermano desaparecido.
Es la obra teatral “Parientes lejanos” de la joven autora Johuseline Porcel, ganadora del concurso nacional Nueva Dramaturgia Peruana que por tercera vez convoca el Ministerio de Cultura, en su propósito de promover la creación, producción de nuevas obras teatrales y llegar a nuevos públicos. Justamente en estos días, hasta el jueves 8 de diciembre, se puede acceder de manera libre a sus presentaciones en el auditorio del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, que en la actualidad dirige el científico social Guillermo Nugent.
La puesta en escena estuvo a cargo de Vanessa Vizcarra, también joven directora pero ya con una amplia experiencia en el teatro. Respecto a la obra, parafraseando a un personaje, ella afirma que “todos somos parientes lejanos de alguien, todos estamos conectados, estamos en el mismo barco, y por lo tanto tenemos un nivel de responsabilidad el uno con el otro; dentro de una familia, y lo mismo dentro de un país”.
En la actuación destaca el elenco profesional compuesto por Verony Centeno, Juanjo Espinoza, Sylvia Majo, Yolanda Rojas y el persistente desempeño de Mario Velásquez y Carlos Victoria, quienes permiten al público mirarse, como en el fragmento de un retrato, como la parte del rompecabezas que los peruanos requerimos armar.
Alberto Mego



En mi casa de infancia en Chacra Colorada no había luz eléctrica, pero casi todas las noches nos alumbraba la poderosa voz contestataria de Fidel Castro. A través de un viejo radio transistor, con la ayuda de un largo cable de cobre que se deslizaba hasta el techo, mi padre buscaba la señal en onda corta de Radio Habana Cuba que emitía 
desde “el primer territorio libre de América Latina”, 
como decía el locutor.
Esa voz, ese movimiento, ese aliento colectivo agitó enormemente 
las conciencias en todo el orbe.
Gran rebelde, apasionado orador, poeta de la palabra y la acción, sembró reflexiones de dignidad en muchos de los que vivimos momentos de plenitud y decisión en la segunda mitad del siglo pasado. “Porque esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar, y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia” 

dijo en alguno de sus discursos
 más encarnados.
Hoy todos los pueblos del mundo se ponen de pie para elevar en el firmamento la memoria de uno de sus mejores hijos: Fidel Castro.


NOTA PUBLICADA EN FACEBOOK EL 26 DE NOVIEMBRE 2016




EMPODERAMIENTO DE LAS MUJERES



Cada cierto tiempo estallan en el cielo de Lima los asomos de la modernidad soñada y los aleteos de una feudalidad que se resiste a hundirse en el pasado. La iglesia salta como un resorte cuando ve amenazado su caudal feligrés. Ahora abiertamente en contra de los derechos de las mujeres, las califica de "respondonas" si no bajan la cabeza y le besan el anillo. No parece entender que es la lucha de más de la mitad de la población peruana que ya no quiere el mismo patrón vivencial. Y el cardenal a la cabeza de lo más puro de la reacción local, bordea sin escrúpulos la necedad.
Como sabemos, el derecho al aborto fue legislado en países del hemisferio norte a mediados del siglo pasado. Pero aquí todo está organizado para mirar las cosas desde el atraso, así las relaciones interpersonales como la alta decisión de acabar con la corrupción, por ejemplo. El mundo legal y el mundo informal, la ambigüedad con que se manejan generalmente los intercambios, las negociaciones, la vida en el Perú. Como muchas otras instituciones estatales y particulares, fue conmovedor ver al canal de cable de “El Comercio” solidarizarse con las mujeres del 13 de agosto, en insistentes avisos simultáneos a la propaganda de un programa de autos que anunciaba a sus “diablitas”, utilizando el cuerpo de mujeres como señuelo en la presentación.
De hecho ésta es solo la punta de un iceberg. Porque la sociedad capitalista ha instrumentalizado a la mujer a su antojo, y a través de las “creencias” ha acudido a las más atávicas de las represiones a lo largo de la historia. La religión es solo uno de sus recursos. La deuda pendiente con las mujeres, como cultura, como sociedad, en todo el orbe, apenas empieza a pagarse, es decir a visibilizarse, en primer término. La extraordinaria marcha que últimamente protagonizaron las mujeres de Lima y capitales del interior fue un acontecimiento sociológico trascendental en la lucha por los derechos ciudadanos en que un importante sector de la población está empeñado. Y el capítulo de la píldora del día siguiente no ataca solo a la discriminación social, -cualquiera podía adquirirla en forma privada, pero no se encontraba en los hospitales públicos-, sino que impacta en el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.
Es el empoderamiento de las mujeres. Por estos lares, recién empieza. Así que machitos de todos los apachurros edípicos, no nos hagamos las víctimas.
3 de setiembre, 2016


VIDEOMEMORIAS


Con el fin de abrir el diálogo y profundizar el análisis sobre los vínculos entre el video, la corrupción y la memoria de la violencia en el Perú durante las décadas finales del siglo XX, el Lugar de la Memoria (LUM), por encargo del Ministerio de Cultura, el último martes 6 convocó al Coloquio “VIDEOMEMORIAS: NUEVAS TECNOLOGÍAS, VIOLENCIA Y CORRUPCIÓN” con la conducción del conocido animador cultural Gustavo Buntinx, las reflexiones de un conjunto de curadores, artistas e intelectuales, y la asistencia de un nutrido público, constituido principalmente de jóvenes que quizá no vivieron directamente esta etapa crucial de la historia reciente del país.
El vigilante en la puerta nos pregunta si tenemos en la mochila una cámara fotográfica, ¿no sabe que casi todos los celulares tienen dispositivos fotográficos, de grabación y de filmación? Ciertamente desde hace un tiempo llevamos las nuevas tecnologías en el bolsillo y podemos con ellas recolectar testimonios sonoros y visuales de la realidad y en un dos por tres lanzarlos a su divulgación mundial. En cierto modo, de súbito hemos pasado de una cultura del papel a una cultura de la imagen, y ésta se ha convertido en factor dominante de la vida cotidiana, y también en el registro de sucesos significativos en la sociedad: muchos recuerdan el video “Zorba el griego” donde vimos por primera vez la danza de Abimael Guzmán y su estado mayor, celebrando el principio del fin de su gesta política y militar. E igualmente más tarde el video Kouri-Montesinos que desencadenó la caída del régimen de Fujimori. Ambos actualmente detenidos, dejaron sin embargo una secuela de repercusiones, aún sin resolver, que nos sujetan a pesar de los años transcurridos, al resentimiento, al rechazo, al pasado, al pesimismo.
Mientras tanto la violencia y la corrupción continúan. Entonces, ¿son acaso chivos expiatorios estos personajes, ahora ancianos y con pocos años por delante, a los que se quiere atribuir el origen de todos los males en el Perú? ¿Ignoramos que nuestro país figura entre los más violentos del mundo en cuanto a violaciones y agresiones a la mujer? ¿Y que la producción de cocaína, instalada principalmente en el VRAEM, es el eje de la corrupción de muchas autoridades? Pero la producción de videos en relación a estos temas pareciera que pone el énfasis en el fujimorismo. Prácticamente se omite el período que le da lugar en la historia, que lo explica sin justificarlo, es decir, el llamado período del “terrorismo”, comprendido de los años 80 al 92. Es un tema tabú, el innombrable. Pareciera entonces que existe un deliberado propósito de no poner todas las cartas sobre la mesa y debatir a profundidad los hechos.
Las nuevas tecnologías no siempre son formas de la dispersión, y el video arte, si así lo deciden los artistas, puede ser soporte de una toma de posición en el tiempo y en el espacio, cuanto mejor si indaga sin restricciones en la memoria de los acontecimientos, como afirmara Alfredo Márquez, artista plástico. Porque cuando los sucesos son discriminados por el Estado, la memoria tiende a ser selectiva, y en consecuencia parcial y provisional. Justamente, Gustavo Buntinx, conductor del evento, celebró que el LUM haya “colgado” para conocimiento público los llamados vladivideos, pero demandó soportes más seguros, no expuestos a los cambios gubernamentales.
El emoliente ofrecido nunca llegó, o no alcanzó para todos, pero a pesar del frío y la extensa jornada fue muy satisfactorio escuchar las opiniones de Ricardo Bedoya, Fernando Vivas, Nelson Manrique y Guillermo Nugent, para quienes en general los gobiernos pasan pero la violencia y la corrupción quedan. Movidos por sus reflexiones, dada la inmensa e inobjetable riqueza material del Perú, salimos del LUM preguntándonos porqué un arte de birlibirloque no nos devuelve el país que los peruanos merecemos.
8 de setiembre, 2016

TEATRO: CREO EN UN SOLO DIOS


TEATRO: CREO EN UN SOLO DIOS

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 on Sep 14, 2016 in ActualidadArte,LiteraturaperformancePeriodismo,PrincipalSocialTeatro | 0 comments

ESCRIBE: ALBERTO MEGO

Tres mujeres encarnando tres culturas en conflicto, o más bien tres expresiones del estertor de nuestra “moderna” sociedad, convergen con sus vivencias en la obra  “Creoenunsolodios” del joven dramaturgo italiano Stefano Massini.

Shirin es una muchacha palestina de veinte años. Estudia Historia de Palestina en la Universidad Islámica de Gaza. Su experiencia de vida bajo la ocupación militar israelí y su necesidad de reivindicar a su pueblo la llevan a convertirse en “aspirante a mártir”.
Eden es una mujer israelí. Enseña historia “desde el punto de vista judío”, en la Universidad de Jerusalén, tiene una posición acomodada, está por encima de la “obsesión por la seguridad” que domina a sus compatriotas. Mina, norteamericana de Minneapolis, militar destacada en la zona, para quien el valor supremo es “hacer lo que conviene”, y la felicidad es el final de un partido con la victoria de su equipo de baseball favorito.
Una obra en clave femenina sobre el conflicto palestino israelí que se remonta a los inicios del siglo XX y que hasta la fecha ha significado miles de muertos y heridos, principalmente en el lado palestino cuyas ciudades han sido bombardeadas sin piedad, dividido su territorio y cercados sus habitantes a vivir en condiciones infrahumanas, limitados sus derechos más elementales. Y la “neutralidad” de EE.UU. en las decisiones políticas al respecto es algo que nadie cree en el concierto mundial. En el año 2013, de acuerdo a una encuesta encargada por la BBC en 22 países, EE.UU. fue el único país occidental con una opinión favorable de Israel. Además, ambas naciones son aliadas militares: Israel es uno de los mayores receptores de ayuda estadounidense y la mayoría llega en subvenciones para la compra de armamento. (1)
¿Puede un autor o autora no tomar una posición frente a tan horrendo crimen? Pues en la obra se limita a mostrarnos esta atroz circunstancia desde el particular punto de vista de cada protagonista, aunque la muerte esté esperando por las tres mujeres. Nunca se conocen. Solo cuentan por separado la áspera situación que precede al desenlace, convirtiendo la escena en el espacio de una narración. Pero el teatro es la representación de un suceso que está pasando en ese preciso instante, es la reproducción de lo efímero para afirmarlo en la historia. Por eso el diálogo y la contradicción son sus elementos primordiales, no el discurso, por más altisonante o dramático en que las ventajas interpretativas de las actrices o una hábil dirección lo conviertan.
Ciertamente, Nishme Súmar, la directora, con notable habilidad nos ofrece una puesta en escena cargada de recursos técnicos, con imágenes multimedia, estridencias y desnudos, aderezados con las solventes actuaciones de Urpi Gibbons, Jely Reátegui y Kareen Spano, pero por resaltar lo humano evitando lo político, según su opinión (2), se queda en el relato de lo emocionante y no logra que el espectador eleve el impacto de la circunstancia a la conciencia del abuso y la arbitrariedad. Curiosa neutralidad. Aunque pensamos también que éste puede ser un propósito para corresponder a Massini,  quien propone que en el teatro una emoción fuerte equivale a una forma del conocimiento (3). Aquello nos recuerda la “antropología teatral” de Eugenio Barba, también italiano, y su pretensión de reemplazar la realidad con la realidad teatral, poniendo ésta última por encima de todo, utilizando los acontecimientos desde la corporabilidad a fin de estremecer al espectador, y quedarse allí muy artístico.
Pero lo verdadero y lo justo también se definen en una obra teatral, como reclamaba Bertolt Brecht, el gran dramaturgo alemán. No es el teatro un lugar solo para emocionar al público, puede haber otros mejores. En la balanza de la escena su participación es decisiva, sobre todo cuando queremos llamar las cosas por su nombre, y el conflicto israelí palestino es un genocidio que ejerce una parte sobre la otra.

ANTIFIL 2016: OXÍGENO Y CARBÓN


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ANTIFIL 2016: OXÍGENO Y CARBÓN
ESCRIBE: ALBERTO MEGO
  La vida y la personalidad egoístas, burocráticas, apocadas, del profesor decorativo y afortunado, influyen inevitablemente en la ambición, el horizonte y el programa del estudiante de tipo medio. Profesores estériles tienen que producir discípulos estériles.
José Carlos Mariátegui

Abundan las ferias en nuestros tiempos neoliberales. Todos queremos estar en las vitrinas. Mejor si podemos decir o hacer aquello que pensamos, porque es innegable que una poderosa instrumentalización de los medios de comunicación día a día estupidiza más y más a los y las ciudadanas. Y aquello alcanza no solo a los propios periodistas, sino también a artistas y escritores.as, quienes sin duda rechazan tal situación.

Pero no están solos.
Una alta colectividad, tanto en la capital, como en el interior, desde hace un tiempo manifiesta su inconformidad con la tiranía que impone el mercantilismo dominante en el país. Principalmente los jóvenes salen a las calles organizados en diversos colectivos y exclaman su protesta convirtiéndose en eficaces reguladores de la sociedad. Todos recordamos la caudalosa marcha de los “pulpines”, y otras posteriores que marcaron el índice de la opinión pública.
Y como no podía ser de otra manera, han sido jóvenes los que recientemente  organizaron una respuesta alternativa a la Feria Internacional del Libro (FIL) que desde hace 21 años se ha convertido en exclusivo mercado de libros, y en la más importante vitrina de escritores, con eventos similares en provincias, a pesar de la intolerancia y el desdén por los grandes temas nacionales. Son los dueños de las grandes editoriales, la famosa Cámara Peruana del Libro que desde años atrás impone sus definiciones del arte y la cultura, situándolos como quehaceres que marchan ajenos a la realidad, en una pasarela de vanidades. Y aquello está ocurriendo en un país como el nuestro, que posee uno de los más bajos indicadores de lectura en Latinoamérica, encareciendo los libros y el acceso a ellos.  Y esta vez se les ocurrió algo nuevo: encarecer también la entrada.
Pareciera que este ha sido el detonante. Un conjunto de colectivos (1) integrados por jóvenes activistas de cultura, “contracultura” y civismo, a los que se agregaron también nuevas –y otras nada nuevas- editoriales, convocó la denominada ANTIFIL, con un mensaje democratizador y visibilizador del talento oculto de los peruanos “buscando estrechar los lazos entre el arte, la cultura y la sociedad” (2), en la crítica a las “instituciones que restringen el acceso a la cultura, convirtiéndola en el lujo de quien puede pagarla, cierran centros culturales independientes, borran nuestros murales, desalojan a los libreros, minimizando así el papel de la cultura en nuestra sociedad”.
“Hay tanta riqueza cultural en este país, que materia prima no falta, lo que falta es seguir organizándonos”, expresó Efraín Altamirano (3). Estos jóvenes intelectuales, en apenas mes y medio de incesante trabajo y coordinación, del  13 al 17 de julio, con el auspicio de la Asociación de Ex alumnos del Colegio Guadalupe que les brindó los ambientes de su sede, lograron este encuentro cultural de la ciudad. De modo que a través de las redes sociales hicieron pública su invitación a los interesados en participar.
Una gran concurrencia, unos en las mesas y otros entre el público, en diferentes pisos del local, los acompañó durante todos esos días de mucha poesía, artes plásticas, talleres de stencil, de ilustración de cuentos cortos y creación de fanzine, encuadernación artesanal, autopublicación cartonera, serigrafía sobre tela, música, danza, obras audiovisuales, cine, fotografía, posters, libros, muchos libros, y juventud.

El alto nivel de politización que nos ha dejado la reciente campaña electoral está también en la base de este encuentro que rindió homenaje a Rodolfo Hinostroza, poeta de la generación de Javier Heraud, el poeta guerrillero de los 60. Y estaba anunciado pero inasistió Enrique Verástegui, intrincado vate que ya no reclama las ideas que guiaron al movimiento poético y contestatario iniciado por Juan Ramírez Ruiz en los años 70, Hora Zero. Así mismo, desfilaron en la escasa ambientación del auditorio, flanqueados por la bandera peruana y la de la asociación guadalupana, poetas -de todos los estilos y de varios países (México, Argentina, Ecuador, Colombia, Francia)- persistentes con sus propuestas “contra el academicismo” (4). Pero aquellos y aquellas cuyos nombres aparecían en el programa y no asistieron, faltaron con su ausencia el respeto a la organización de la ANTIFIL y al público. Ello es más pintoresco si, como se ha visto en algunos casos, no faltaron a la FIL oficial.
Hubo muchos poetas, algunos con libros editados y otros con libros en camino, leyendo sus versos en smartphone, e incluso al influjo de novedosas editoriales fanzineras y cartoneras, que editan tirajes de 20 a 100 libros, todos únicos e “impresos” en diversos soportes, ya no solo papel, sino plásticos, latas, madera, cartón, materiales generalmente reciclados que convierten el libro en un objeto artístico y que garantizan su vigencia a pesar de los adelantos tecnológicos (5).
Estuvieron también aquellos que experimentan en la búsqueda de nuevos espacios de divulgación: muros y audiovisuales proyectados en las calles de la ciudad o talleres de poesía en prisiones, como lo hace el colectivo Anima Lisa (6), junto con afiches de corte feminista y anarquista.
Pero en medio de tanto arte y versos de todo color, la ANTIFIL destinó más de un espacio a la reflexión y el debate.  Muchos participantes expusieron con libertad sus críticas a la situación de la cultura y la sociedad. “No podemos caer en manos del mercantilismo”, dijo Franco Osorio, uno de los organizadores. Como tantos otros, expresaron severas críticas a los modelos económicos y políticos imperantes, y señalaron su inconformidad con el alto precio de los libros. Ciertamente, durante nuestra experiencia teatral en Boulevard Quilca –centro cultural y librero hace poco clausurado arbitrariamente- y donde en efecto eran expertos en clonar una publicación, nos enteramos que los libros pueden tener costos muy bajos y que las grandes editoriales los venden a precios exorbitantes, como recordó Pedro Felix Novoa. “Se compran libros como se compran autores, como artefactos” afirmó Rodolfo Ibarra. “Los escritores no tienen dinero para publicar sus libros”. Este puede ser un llamado a que las editoriales se arriesguen como les corresponde (7).


“Las editoriales manejan la lógica de la venta, son empresas dedicadas a los libros, ese es su trabajo, y el nuestro es escribir”, manifestó otro (8). Y en la mesa “El arte como grito de rebeldía: rock, poesía y narrativa”, Cecilia Zero afirmó que el artista es un inconforme por su espíritu rebelde, y que hay rebeldes activos y rebeldes pasivos: “El pasivo se queja y el activo actúa, se rebela, la humanidad le debe mucho a la rebeldía” (9). Nos preguntamos si este mismo razonamiento, ya encarnado por los llamados poetas malditos de la Francia de Verlaine, en Lima sigue enarbolado por algunos poetas que hacen del alcohol, las drogas y la vida disipada, una bandera nihilista para justificar su inconmensurable vanidad. “El artista tiene un hambre de reconocimiento, quiere que lo lean, que hablen de él”, dijo un autor invitado, con varios libros en su haber (10).
Penoso ha sido pues ver algunas presentaciones salpicadas de ebriedad y voces agitadas en los corredores interrumpiendo las lecturas. Ya se tenía bastante con las actividades paralelas (por ej. la celebración de un matrimonio) a que seguramente estaba comprometida la asociación guadalupana. Creemos que como ágora popular la ANTIFIL demanda debidamente un espacio que facilite la atención del público al que quiere dirigirse. En este sentido, no sería inadecuada la idea de descentralizarla en los diversos barrios de Lima, en las calles y plazas. Esta conexión puede contribuir a “oxigenar” una iniciativa que no puede terminar en el fondo de una botella.
Fue propicia la propuesta del Gremio de Escritores, representado en la ANTIFIL por Jorge Luis Roncal, director de la editorial Arteidea, quien expuso los alcances del “Proyecto Cordillera” y su cuestionamiento al “canon hegemónico, conservador, elitista, antidemocrático y solidario con el poder, (que) se orienta de manera permanente a invisibilizar las expresiones literarias acompasadas con el derrotero histórico de liberación y justicia del pueblo” (11). Asimismo, el profesor Juan Benavente, animador de los “Viernes Literarios” donde desde hace 25 años congrega a poetas y escritores, apoyado por centros culturales, galerías y restaurantes, expresó en la ANTIFIL su propósito de persistir en esta tribuna democrática.
En el homenaje que se hizo a Oswaldo Reynoso, no pudo faltar evocar a Miguel Gutiérrez, recientemente fallecido. Ambos pertenecían al mismo movimiento de tratamiento crítico de la realidad con gran significado para la literatura peruana, el grupo Narración, que alentara notables escritores peruanos en los años 70. “Tanto Reynoso como Gutiérrez tenían una posición” aseveró uno de los ponentes (12). Sin duda, la trascendencia de estos escritores es un estudio pendiente.
Mucha elocuencia tuvo el periodista César Ángeles en la presentación de su libro Cortes intensivos. Entrevistas y Crónicas. 1986-2014, donde consigna sus azares en las numerosas entrevistas que hiciera a personalidades culturales durante el conflicto armado interno vivido en el Perú. También en la mesa, al referirse a la atmósfera ciudadana de aquellos años, Javier Garvich tuvo palabras vibrantes.
Pero la mesa más importante a nuestro modo de ver podría haber sido “Una mirada a la narrativa contemporánea”. Todas las ausencias hicieron que solamente J. Paucar y J. Valenzuela expusieran su visión del papel de la literatura en el momento actual. Superado el esquema de “criollos” y “andinos” que hasta hace poco empobrecía el análisis literario, quedó en claro que solo a través de un tratamiento multidisciplinario, de la mano con las ciencias sociales y sin restar importancia a los sucesos de la historia, pueden los escritores abordar la realidad de manera más eficaz. Profesor universitario, Jorge Valenzuela puntualizó este aspecto, así como criticó a los narradores que solo hablan de sus egos y depresiones (13).
En el día final, el exceso de alcohol y el “juergón” desembocó en la expulsión de uno de los organizadores, por sus actitudes irrespetuosas con las mujeres participantes. No obstante, ello no impidió que a la postre, después de otros poetas reconocidos, escucháramos la voz espontánea de asistentes que voluntariamente salieron a leer su poesía. Hubo mucha emoción en la declamación que hicieran dos obreros con los versos de Vallejo, autor reivindicado por la ANTIFIL.

Exitosa experiencia. A pesar de algunas limitaciones propias de aquello que empieza, esta primera versión de la ANTIFIL es para los editores sin duda la puerta abierta a un nuevo mercado (14), pero es indiscutible que pone en evidencia la necesidad ciudadana de no solamente leer o escribir, sino también de activar el movimiento de su impostergable capacidad de ser, pensar y crear, democratizando el acceso al arte y al conocimiento.

Notas
1) Participaron Marmota Producciones (Mary Ann Agurto), Colectivo Ojo Perezoso, Durazno Sangrando, Grupo Parasomnia, Signos en Rotación, Lima Gris, Extramuros, Poetas Resistencia, Ojos de Papel, Amaru Cartonera, y Escrituras Indie Difusión Alterna, entre otros. En música, estuvieron Los Hijos del Culto, Detrás del Sol, Achkirikik, Lo Ultraterrestre y Contradogma, además de cantautores como Amadeus X, Lalo Salazar y colectivos de hip-hop.
2) OkassoMagazine, página virtual. Atena Rivero, 25 de julio de 2016. http://www.okasso.com/magazine/articulos/arte-y-cultura/i-antifil-2016-expresion-independencia-y-arte-102
3) Anti-Fil Lima, página Facebook. 8 de julio de 2016. Entrevista a Efraín Altamirano. https://www.youtube.com/watch?v=ATJ4u1VBU18
4) Richie Lacra. “Poetas del asfalto. 21 años en las sucias calles”. 13 de Julio de 2016.
5)        El joven poeta argentino Fernando Bogado, entre otras ideas interesantes y polémicas, afirmó en su ponencia “¿Qué hay de nuevo en la poesía latinoamericana de hoy?”, que el libro podría tener una vigencia no mayor de 200 años, por el impacto de la tecnología en los hábitos de lectura. 13 de julio de 2016.
6)        Johanna Casafranca (Perú), Yax Kin (México) y los jóvenes de Anima Lisa trasmitieron al público su convicción de que nada puede detener la libre expresión.  13 y 16 de julio de 2016.
7)        Conversación sobre la indústria editorial. En la mesa estuvieron Rodolfo Ibarra, Martín Roldán y Pedro Felix Novoa. 15 de julio de 2016.
8)        Mesa “Escribir y publicar ciencia ficción en el Perú”. Carlos de la Torre y Carlos Saldivar. 14 de julio de 2016.
9)        En esta mesa estuvieron Cecilia Zero, Carlos Torres Rotondo y José Guich. 15 de julio de 2016.
10)      Diego Trelles Paz. 16 de julio de 2016.
11)       Página Facebook del Gremio de Escritores del Perú.
12)       Rodolfo Ibarra. Homenaje a Oswaldo Reynoso. 16 de julio de 2016.
13)       Mesa “Una mirada a la narrativa contemporánea”. 17 de julio de 2016.
14) Fernando Bogado. En entrevista para la revista Lima Gris. http://www.limagris.com/tag/fernando-bogado/


Introduccion. CIEN AÑOS DE TEATRO EN EL PERÚ

He recibido el último número de la brillante revista mexicana Archipiélago que, entre otros artículos, contiene la introducción de mi estudio Cien años de teatro en el Perú, presentado en 2012 en Santiago de Chile durante el 26 Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano ENTEPOLA, y todavía inédito, a pesar mío. Atendiendo al propósito crítico y contestatario que enarbola la llamada ANTI-FIL, he solicitado participar allí con este estudio, pero hasta la fecha no tengo respuesta. 
Y como me cansé de esperar, deseando toda clase de éxitos a esa feria, publico aquí dicha introducción 




CIEN AÑOS DE TEATRO EN EL PERÚ.
El Teatro Peruano del Siglo XX.

Alberto Mego

En general en Latinoamérica, y particularmente en el Perú, la historia del arte mirado desde una perspectiva social refleja siempre la historia de los pueblos, de sus luchas, del conflicto cotidiano en pos de la construcción del porvenir. No podemos librarnos de esta correspondencia si nos referimos al teatro, por ejemplo, o a la música. Nos es difícil separar la emoción estética, el placer que procuran los ejecutantes del arte, del público que pone su alma y su atención, aquella colectividad que alienta o desalienta sus voces, aplaudiendo emocionada las ideas que repercuten en sus intereses de clase, de raza y de género.

En este sentido, el estudio “CIEN AÑOS DE TEATRO EN EL PERÚ. El Teatro Peruano del Siglo XX” es un testimonio por más de una razón. Expresamos aquí nuestra profunda lealtad al pueblo en cuyo espacio geográfico se desarrolla nuestro estudio y la visión crítica que nos merecen los acontecimientos y que se expresa en la selección de éstos, siempre que ilustren de una manera u otra lo que vertebró el siglo XX. El teatro, como un espejo, refleja siempre la realidad, y el público es su fiel. Y desde temprano este siglo está trazado por la lucha que resulta de la sobreexplotación de los trabajadores y el creciente auge industrial que potencian en sus territorios los países ricos,  Estados Unidos principalmente, pugnando por alcanzar la hegemonía; y por otro lado el advenimiento de la nueva conciencia política del proletariado mundial que por primera vez en la historia, en 1917, lo llevó a concretar en la Rusia zarista la toma del poder para la clase de los desposeídos y constituir la primera gran república socialista.

Esta nueva ideología se expande a nivel planetario e influye profundamente las expresiones artísticas e intelectuales y a los propios artistas e intelectuales. Es la era científica. Son las ideas revolucionarias que se expanden en el mundo a través de una verdadera globalidad y establecen las líneas maestras del obrar, así en la superestructura de los hechos culturales como en la política. Y ellas llegan con nuevas tecnologías. Algunas ciudades principales de Perú se visten de fiesta porque llegan compañías de comediantes italianos, españoles, ingleses y franceses, y ahora comienzan a construirse ostentosos teatros, no solamente para que las distinguidas élites urbanas puedan ver las actuaciones de óperas, operetas y zarzuelas, sino también para recibir un novedoso acontecimiento cultural: el cinematógrafo. El gran público accede al espectáculo.

Aun cuando las producciones nacionales están todavía lejos de realizarse, el cine estimuló la atención por la ficción dramática y más tarde por el teatro de los comediantes populares, cuando en los primeros centros fabriles un caudal de proletarios preguntando por el destino de su sociedad, en medio de intensas luchas alcanzan su derecho a las 8 horas y ello tuvo su correlato en la aparición de un insipiente teatro obrero.

En correspondencia a esta nueva realidad, en 1928 José Carlos Mariátegui funda el Partido Comunista y las diferentes vertientes de los movimientos populares adhieren a la necesidad de la construcción del gran frente único que necesita la transformación del país. La profundidad crítica de Mariátegui, inspirada en el ideario proletario, alcanza también al arte y la literatura cuyos esquemas de análisis reformuló objetando el estudio acomodado únicamente a las formas y los conocidos esquemas de “clasicismo, romanticismo o modernismo”, “antiguo, medieval o moderno”, “popular o académico”, para proponer su estudio como repercusión del contexto histórico y de los intereses materiales que las clases se disputan en la sociedad. “El arte tiene necesidad de alimentarse de la savia de una tradición, de una historia, de un pueblo. Y en el Perú la literatura no ha brotado de la tradición, de la historia del pueblo indígena. Nació de la importación de literatura española; se nutrió luego de la imitación de la misma literatura. Un enfermo cordón umbilical la ha mantenido unida a la metrópoli” afirmó en su conocido libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.

Después de la segunda guerra mundial, contienda de los países ricos en pos de un nuevo reparto del mundo, quedaron establecidos dos enormes bloques en pugna; de un lado los países ricos encabezados por el imperialismo norteamericano y de otro, el llamado bloque socialista que constituían la Unión Soviética y numerosos países de su entorno en Europa oriental. Dos concepciones del mundo, dos conceptos del trabajo y el capital rivalizando en el orbe, el perfil de dos civilizaciones, una que declinaba y otra que irrumpía. Aquella fue la impronta de los artistas de entonces. Grandes artistas como Charles Chaplin, Bertold Brecht, Máximo Gorki y Sergei Eisenstein, entre otros en el mundo, y el chileno Pablo Neruda como César Vallejo de Perú, en Latinoamérica, enarbolan a través de sus obras una resuelta crítica a la sociedad capitalista.

Más tarde llamaron “tercer mundo” a los países pobres de África y Latinoamérica, cuyos gobiernos habitualmente se colgaban como furgones de cola a los planes de  EEUU. En este contexto fue que China emerge en la escena mundial, cuando en 1949 Mao Tse Tung, seguido de una extraordinaria colectividad, alcanza el poder.

En nuestro medio, la vieja concepción individualista de la historia que hasta entonces alentaba la producción cultural y artística comenzó a resquebrajarse. Los divos y divas en el teatro, pequeños monstruos de la caracterización y el canto, en sus óperas y operetas, que caracterizaron durante mucho tiempo el ambiente teatral, vieron que sus famas llegaban a su fin. Pero de estos ambientes salieron también algunos actores populares que destacaron por sus ocurrencias en escena. En sus sainetes y comedias se acercaron satíricamente a la realidad, y también a la población migrante. Recordado actor, que más tarde propiciara la creación del sindicato de actores, el “Cholo” Revoredo creó al personaje “el cholo”. Según las ideas dominantes de un país atrasado y con una capital super centralista, en la expresión del racismo que ha cultivado la ciudad por mucho tiempo. El hombre andino habitualmente era presentado como un tonto o un ladino. Las imágenes distorsionadas del campesinado peruano eran constantes en los espectáculos, donde no solo se denigraba una raza sino también una herencia cultural. Será más adelante, con el Teatro Campesino de Víctor Zavala Cataño en los años 70, cuando entrarán a escena los hombres y las mujeres del Perú Profundo, como le gustará decir a José María Arguedas, con todas sus energías milenarias y la apuesta por la transformación de esta realidad, al lado de los obreros de la ciudad.

Hacia los años 50, en la herencia de Mariátegui y de Valdelomar, la inquietud cultural de los círculos académicos y antiacadémicos da lugar a audaces propuestas que renovarían drásticamente las formas y los mensajes. Empiezan a aparecer los grupos de teatro independientes y se fortalecen las escuelas oficiales de arte dramático. Nuevos auditorios acogen a una nueva y entusiasta afición. Se representan obras del repertorio mundial, incluso se conoce la obra de dramaturgos contemporáneos cuyas teorías escénicas revolucionarían los conceptos, pensamos principalmente en Brecht, en Ionesco, en Beckett, Artaud, Genêt, Williams, Miller. La dramaturgia nacional adquiere un horizonte más elevado, y por ello más pertinente a su público a través de la búsqueda de un teatro peruano.

Los años cincuenta son el espinazo del siglo, un momento vertebrador. Una corriente progresista hace posible la aparición de notables escritores y poetas, artistas de toda índole, que apuestan por la transformación de la sociedad, inscritos en las ideas de izquierda, en general todos siguiendo el camino trazado por Mariátegui. Es en este periodo que se adquiere la cabal conciencia de las enormes riquezas materiales e históricas que guarda la naturaleza del Perú. Puede decirse que la enorme creatividad cultural de esos años es debida justamente a esa conciencia nacional, de la que sin duda se nutre Sebastián Salazar Bondy, gran dramaturgo peruano de entonces.

A inicios de los años 60, se produce un acontecimiento de profunda repercusión en América: la revolución cubana. Tan cerca de EEUU, un pequeño país depone violentamente a su satrapía y se convierte en el pequeño David cuya antorcha alumbra y estimula la discusión en los campos de la política, la economía y la cultura. Con su influencia, en el 65 se producen en el Perú movimientos armados que pronto son sofocados, pero el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas creó las condiciones para la creciente participación del pueblo en el debate político y la construcción de un pensamiento obrero. Las décadas sesenta y setenta fueron el extenso escenario del fortalecimiento del movimiento popular. Esa atmósfera de auge explica también la revolución de las fuerzas armadas iniciada en el año 68 por el general Velasco Alvarado que produce una gran movilización en la sociedad peruana, con un mensaje de dignidad e identidad a la población, a las órdenes del ejército.

Aun cuando sigue habiendo controversia sobre el carácter del velasquismo, -algunos afirman que fue una forma de contención del conflicto armado que se avecinaba-, los nuevos grupos culturales que en este período aparecen se esfuerzan por realizar obras que reflejan las contradicciones sociales y la perspectiva política del Perú, desde sus diferentes estilos artísticos, dadas las condiciones de precariedad que los caracterizan. Durante estos años, vital importancia tiene la presencia de Jorge Acuña en la céntrica Plaza San Martín de Lima. Este audaz actor se convierte en un ícono callejero del arte popular. Su actuación fue el punto de convergencia de cientos de miles de transeúntes que se detuvieron una y otra vez para ver sus historias sencillas de gran significado. Con el arte del mimo, Acuña llevó el encanto del teatro popular al público más sencillo.

El año 1975 se revierte el período de Velasco con el general Morales Bermúdez y se produce una intensa represión y persecución de los representantes del pueblo, pero no cesa el brillo y la electricidad propios del clima instigador que viene de la población y que procura la unción de la “creación colectiva”, también entre los actores. Hasta entonces, el nivel de contradicciones al que se había llegado hizo que las partes del teatro se negaran unas a otras: los dramaturgos a los grupos, los grupos a sus directores, los directores a sus actores y los actores a la palabra. Sin embargo, es en este tiempo que se le exige al hecho teatral un carácter comunitario, como reflejo de las circunstancias sociales que priorizan lo colectivo en todos los aspectos, y son muchos los grupos de teatro popular que aparecen con este desafío.

En respuesta, el Estado crea el Teatro Nacional Popular, un conjunto estable con la dirección de Alonso Alegría, y la discusión sobre el teatro nacional y popular se polariza. Así como en otros planos, al calor de las luchas populares del  Perú y el mundo, la cultura popular adquirió entonces notable desarrollo y los símbolos más representativos de la historia nacional y latinoamericana, desde una perspectiva proletaria, encontraron cauce y valoración, y se difundieron ampliamente multiplicándose en las consciencias, en el sentido de los compromisos y de las proyecciones. Así como se formaron muchos grupos de teatro independiente, de teatro popular y de aficionados, de jóvenes y de menos jóvenes, se formaron también muchos grupos de música y canción popular. Ese es el origen de grupos que en esos días destacaron, como “Yuyachkani” y “Cuatrotablas”. La poesía también es campo minado, electrizado y de alta tensión en la polémica poética y política, en la impronta de Javier Heraud, el vate alzado en armas. Por ejemplo, poetas como Juan Ramírez Ruiz, principal inspirador del Movimiento Poético Hora Zero, o Jovaldo, el sencillo declamador callejero que más tarde muriera asesinado por las fuerzas armadas junto a centenares de presos en la isla El Frontón.

En general, el nivel cultural de los jóvenes de los años 70 era muy elevado. Se leía mucho. El mercado librero se amplió notablemente. Estos años fueron probablemente los de más libros leídos per cápita en el Perú. El espectro de contenidos era verdaderamente diverso y de notable suficiencia académica, siendo principalmente los estudios hechos con un perfil científico y sociológico los que ganaban mayor interés en la colectividad. Con tal agitación, esta década estaba marcada para dar lugar a momentos fundamentales en la historia social del Perú. Por lo pronto, la izquierda se ha radicalizado y prácticamente todos los grupos políticos demandan una salida violenta e insurreccional a la situación de la sociedad peruana.

Pronto el gobierno militar de Morales Bermúdez, ante las masas caudalosas que repudian su régimen, es conminado a convocar una asamblea constituyente, a la que son llamadas todas las organizaciones sociales y políticas. Todo el mundo asiste, todos los representantes de la derecha, todos los representantes de la izquierda. Una pequeña fracción del partido comunista rechaza tal convocatoria, y poco después de la asunción del mando del nuevo presidente Belaunde Terry, declara la guerra al Estado.

Según la comisión de la verdad y la reconciliación (CVR), en 1980 se inicia en tierras de Ayacucho la más grande confrontación social de toda la historia del Perú. El desconcierto de las diferentes fracciones de la izquierda, ahora oficial, produjo una gran segmentación de este movimiento que se había gestado en la lucha contra la dictadura de Morales Bermúdez, a la par que el “nuevo” estado democrático, reconstituyéndose después de 12 años de dictadura militar, desemboca en una más profunda crisis, sujeto a la crítica internacional, cuando el nuevo papel asignado a las fuerzas armadas es la de contener violentamente las luchas del pueblo.

Como parte del movimiento popular, se produce la “Muestra de Teatro Peruano”, centro del debate político y artístico que año a año involucra a una mayor cantidad de agrupaciones de todo el país, con propuestas que rompen todas las formas convencionales, procurando siempre elevar el nivel reflexivo y didáctico de sus espectadores. Pero esta perspectiva es dispersada por alguna persona que se reclama “creadora” de la muestra, y ésta se traslada al interior del país, auspiciada por entidades oficiales.

El país está polarizado. La guerra vertebra todas las conductas. La facción más reaccionaria de la clase en el poder alienta al APRA y a Alan García, con quienes a partir del año 85 adopta el genocidio como arma principal para detener la guerra. La vieja política de “arrasarlo todo, incendiarlo todo” se impone. Miles de muertos y desaparecidos, campesinas violadas, perseguidos y detenidos, principalmente en el interior del país, se convierten en el telón de fondo de las disputas electorales. No obstante, la creatividad popular no cesa y tanto grupos de teatro como de música y danza son habitualmente señalados como “subversivos” por persistir en su llamado a la conciencia nacional y a la lucha por los intereses del pueblo, mientras el Estado día a día se deteriora económica, social y políticamente. 

Es en esta atmósfera que Alberto Fujimori llega a la presidencia, y después de centralizar todo el poder en sus manos, con auxilio de los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas y la CIA, jefatura una guerra “de baja intensidad” que los conduce poco después a la captura de los altos mandos de la insurrección. Son detenidos Abimael Guzmán, principal dirigente del denominado Sendero Luminoso, y Víctor Polay del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA). En ese momento, tres cuartas partes del país estaban bajo control de las guerrillas. Muchos de sus integrantes son detenidos y sometidos a las condiciones carcelarias más brutales. El mismo Víctor Zavala, creador del teatro campesino, tiene actualmente casi 25 años en prisión.


Comienza el festín y la corrupción a todos los niveles. Se declara el “fin de las ideologías”. Negro papel cumple el asesor presidencial Vladimiro Montesinos. Sin obstáculos y sin escrúpulos, se impone entonces la cultura del neoliberalismo, de la competitividad, del exitismo y la amnesia. Poco después, en el año 2000, cae la cúpula más corrupta que recuerden las páginas políticas, aquellos que se reclamaban vencedores del “terrorismo”. Y comienza el nuevo milenio. Delante de los acontecimientos, ahora como antes, el pueblo que entregó la sangre de sus mejores hijos e hijas y después vio la caída de sus líderes, no renuncia a su sueño de ver la transformación del Perú en una sociedad de verdadera armonía social. En cuanto al teatro, la tarea de la construcción de un gran teatro nacional y popular sigue pendiente.