Jueves 22 de octubre, 2026. Maison des Associations du Quartier Latin. 7pm.
Centro Cultural Peruano (CECUPE) presenta la novela RETABLO EL DORADO.
PALABRAS DE FRANCOISE AUBES
Françoise Aubés es doctora en literatura, peruanista, profesora emérita de Literatura Latinoamericana de la Universidad de Paris Nanterre. Es codirectora de la revista América. Les cahiers du CRICCAL .Revues.org – OpenEdition.
Miembro del CRIIA (EA 369 Études Romanes Paris Nanterre) y miembro asociado del CRICCAL (Paris Sorbonne Nouvelle).
Autora de numerosos artículos sobre literatura peruana, ha coordinado diversos estudios relacionados a la Agregación en español: Cien Años de soledad, Le mal et les mots, La violence. Es coautora, con Marie-Madeleine Gladieu, de Lectures d’une œuvre. Los ríos profundos de J.M. Arguedas. También ha coordinado cuatro números de la revista Crisol (Universidad de Paris Nanterre). Vive en París.
Voy a hablarles de un libro escrito por Alberto Mego en 1998, publicado en 2000 y reeditado recién en 2026. Así que creo que Alberto nos explicará por qué.
No
conozco muy bien el trabajo de Alberto como dramaturgo, pero el año pasado
asistí a la presentación de Cien años de teatro. El Perú en el siglo XX
y me interesó mucho aquel recorrido por los escenarios teatrales. Y ahora
descubro otro talento suyo: el de novelista, alguien que intenta, que se atreve
a escribir una novela.
En
primer lugar, lo que me llamó la atención fue el título: Retablo El Dorado.
Mi primera intuición fue pensar en el retablo peruano, esa caja, pequeña o
grande, que se abre y muestra escenas religiosas o profanas, e incluso escenas
que remiten a la actualidad. Pensamos especialmente en los retablos de Edilberto
Jiménez sobre la violencia, sobre el conflicto armado.
Pero
cuando hablamos de retablo, también pensamos en el teatro de marionetas, en el
teatro de tablados. Así que este es un primer aspecto que podríamos explorar, y
quizá podríamos preguntarle por qué eligió ese título.
En
segundo lugar, teniendo en cuenta la fecha de escritura, 1998, y su publicación
en el año 2000, podemos considerar que esta novela forma parte de las primeras
obras literarias sobre el periodo del conflicto armado. Sin embargo, no se
trata de la primera novela, porque la primera fue, en todo caso, Rosa
Cuchillo, de Óscar Colchado, publicada en 1997. Aunque, en realidad, no
estoy del todo de acuerdo, porque, para mí, el primer relato sobre el conflicto
armado es la magnífica narración Adiós Ayacucho, de Julio Ortega,
publicada en 1986. En 1990 fue llevada al teatro por un grupo que imagino que
debes conocer. El grupo se llama Yuyashkani. Y este verano, bueno, en julio y
agosto, en Perú, volvieron a representar Adiós Ayacucho, y yo pude
verla. Yo conocía la novela, pero me fascinó esa obra teatral. Quizá tú también
la hayas visto. Es una obra de teatro apasionante.
Por
tanto, Retablo El Dorado forma parte de las primeras novelas sobre el
conflicto armado, pero no se trata de la primera novela, como se ha escrito
aquí. También hubo muchos otros cuentos, desde los años ochenta y noventa,
sobre ese periodo violento y sangriento. Pienso en Dante Castro, en Nieto
Degregori, en Huamán Cabrera, y en todos esos escritores que escribían desde la
sierra. Y Huamán Cabrera (autor de Candela
quema luceros en 1989) decía algo así: «Los limeños se pusieron a escribir solamente cuando
empezaron a sentirse un poco amenazados, cuando hubo atentados con bombas, pero
antes la sierra no les interesaba en absoluto».
Es
cierto, no lo sé. No me atrevería a emitir un juicio de esa manera, pero,
efectivamente, a partir de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y de la
publicación en 2004 de Hatun Willakuy, la version abreviada del informe
de la Comisión de la verdad y Reconciliación, veremos cómo este documento
servirá un poco de guión de referencia para todos esos escritores que
comenzarán a publicar obras de ficción sobre Ayacucho, sobre el conflicto armado,
etc. Pienso en autores como Cueto, Thays, Roncagliolo, Benavides, entre otros.
Y surgirá una literatura muy abundante sobre aquellos años terribles.
En
general, todas estas novelas son, entre comillas, novelas realistas que
intentan comprender lo sucedido y que, sobre todo, inauguran una especie de
poética del horror. Me refiero a la manera de representar el horror, tanto del
lado de Sendero Luminoso —las ejecuciones sumarias— como del lado de los Sinchis
y las Fuerzas Armadas: las fosas comunes, etc.
Todo
ello se enriquece con los testimonios recogidos en el informe de la Comisión de
la Verdad.
Ahora
bien, esto es precisamente lo que me interesaba en Retablo El Dorado:
esta novela no tiene absolutamente nada que ver con todo lo que se ha escrito en
esas ficciones de la década de 2000 sobre el conflicto armado.
Porque,
en realidad, Retablo El Dorado pertenece a un género completamente
distinto. No es en absoluto una novela realista. Me parece que podríamos
considerarla una especie de alegoría: una alegoría del Perú de finales del
siglo XX, una suerte de novela cifrada, aunque, en realidad, resulta bastante
fácil descifrarla.
El
autor mezcla un poco todo lo que caracteriza al Perú del siglo XX y hace una
especie de síntesis.
Empecemos,
por ejemplo, por el lugar donde transcurre la acción, que se llama El Dorado.
Es una tranquila ciudad colonial que, a partir de cierto momento, ve llegar en
masa a nuevos habitantes: personas procedentes de las provincias. Comprendemos
entonces que se trata del acontecimiento más importante del siglo XX en el
Perú: la migración rural, que comienza en los años cincuenta y que transformará
por completo Lima y la sociedad peruana. Quien gobierna es un tal Ingeniero, un
guiño evidente a un ingeniero muy conocido: el Chino Fujimori.
Así
que entendemos que hay alusiones a determinadas realidades. El país se
moderniza, las empresas extranjeras imponen sus reglas, se producen
descubrimientos arqueológicos y podemos adivinar que se trata de Machu Picchu,
aunque nunca se precisa. Pero eso no importa, porque no estamos ante una novela
realista. También se descubren unas líneas en el desierto. Creo que no se
menciona Nazca, no se pronuncia ese nombre, pero las líneas son descubiertas
por una tal Georgina. Todo esto atrae a los turistas y la ciudad crece de
manera descontrolada. Un ejemplo es el barrio de La Candela, donde vive la
familia protagonista de esta novela.
Voy
a releer algunos pasajes : «Al día siguiente de su llegada, Elías salió
temprano a conocer el barrio. Casi todas las casas eran muy pobres, aunque
desde arriba, siguiendo el camino empinado, en la falda como en la punta misma
de los cerros vecinos, se veían otras más pobres todavía, cubiertas apenas de
cartones y esteras amarillentas, resecas por el sol despiadado del mediodía. En
bandas de tres o cuatro, los perros
removían los basurales con sus hocicos y sus narices húmedas. Si alguno
encontraba un hueso o alguna tripa podrida, todos se volvían contra él para
arrebatársela a mordiscones».
Y
es precisamente en ese lugar donde vive la familia cuya historia se nos va a
contar.
Voy
a continuar un poco más para describir el escenario.
En
la ciudad, las calles están llenas de locos que deambulan libremente.
«Había locos en
las calles, arrastraban el peso de sus confusiones, con los cabellos
apelmazados y grasientos, vestidos con harapos llenos de piojos y grasa», etc. Esta
es una imagen inolvidable. Es, en cierto modo, una síntesis del Perú del siglo
XX. Y hay imágenes que nos recuerdan, efectivamente, la situación de Lima cuando
el Fujichoque, donde el abandono es evidente. Los hospitales y los manicomios
ya no tienen dinero. Abren las puertas y dejan salir a los pacientes. Es una
imagen de una fuerza visual extraordinaria.
Es
en esta situación casi preapocalíptica —dictadura, neoliberalismo desenfrenado,
modernidad, contaminación, desinformación y falsos profetas como el apóstol,
Kalito Lito, o los de la secta del Perro Viviente, hasta los sacerdotes que se
aprovechan de la desesperación de la gente, dispuesta a creer cualquier cosa —
donde comienza la historia de la familia protagonista.
La
familia protagonista está formada por una pareja de provincianos instalados en
El Dorado: Hortensia y Juan, que es obrero, y sus cuatro hijos. A ellos se
suma, desde el comienzo de la novela, Elías, el hermano de Juan, que llega
directamente de su pequeño pueblo de los Andes.
Elías
va a desempeñar el papel del provinciano que desembarca en esta especie de
enorme ciudad salvaje y que, al mismo tiempo, queda deslumbrado y desconcertado
por ella.
Es
lo que sucede con los personajes de las novelas neorrealistas de los años
cincuenta. Pensamos en El retoño de Julián Huanay (1950), Lima hora
cero (1954), de Enrique Congrains,
La tierra prometida (1958)
de Luis Felipe Angel.
Por
eso digo que, en esta obra, el narrador mezcla elementos diversos, tanto en lo
que respecta a la realidad histórica como en el plano literario.
Entonces, ¿qué
cuenta la novela? ¿Qué sucede? Lo que sucede es que la vida resulta muy difícil
para esta pareja, para esta familia proletaria, siempre amenazada por el
desempleo y atravesada también por la nostalgia de la tierra que tuvo que
abandonar. Juan es obrero y Hortensia, su esposa, trabaja en el mercado. Los
hijos, se las apañan como pueden … Hay que destacar, sin embargo, al joven
Camilo, que observa el mundo con asombro y curiosidad. En cierto modo, es él
quien constituye el hilo conductor permanente de esta novela.
A esto hay que
añadir toda una serie de personajes: la familia de Hortensia, sus compañeros de
trabajo, los vecinos. En realidad, se trata de una especie de estructura
laberíntica. No olvidemos que estamos ante un retablo y que, en las distintas
hojas que lo componen, suele aparecer mucha gente. Hay numerosas figuritas,
multitud de elementos.
La situación es
casi preapocalíptica, tanto en el ámbito nacional como en el de la propia
historia familiar. Seguimos las desgracias, los contratiempos, las ilusiones y
las desilusiones amorosas de los más jóvenes, por ejemplo, de Elías, que está
enamorado de una prostituta. Todo esto forma parte del escenario habitual del
provinciano que llega a Lima, queda deslumbrado, es engañado, etc.
Camilo también
sufre desengaños sentimentales, pero lo más grave es lo que ocurre con la
pareja, con los padres, Hortensia y Juan, abrumados por la dureza de la vida,
el agotamiento, la humillación y el absurdo de la existencia. «Absurdo» es un adjetivo que emplean
tanto Hortensia como Juan. La vida no tiene ningún sentido.
Entonces Juan se va
politizando cada vez más. Ingresa en un partido llamado La Fraternidad.
Tendremos que preguntarle a Alberto por este partido, fundado por un gran
intelectual. En cualquier caso, se parece mucho al Partido Comunista del Perú,
aunque no podemos asegurarlo.
Hortensia abandona
el hogar porque ya no puede más. Se instala en casa de su madre y, poco a poco,
gracias a sus compañeros de trabajo, toma conciencia de sus derechos y empieza
a hacer realidad su deseo de cambiar de vida, y entiende qué es lo que
proponen los que comienzan a levantarse en la sierra, no
lejos de El Dorado:
«Pero en las
montañas de El Dorado, en las puntas mismas del país, como en un volcán, cada
vez más, con creciente fuerza, viene desarrollándose una nueva política, una nueva
energía capaz de barrer el inmenso basural en que se ha convertido esta
tierra».
Este nuevo
movimiento se llama La Montaña Más Alta y va adquiriendo cada vez mayor
importancia. Canaliza las expectativas, las desesperaciones y las esperanzas de
los trabajadores. Los insurgentes de La Montaña consiguen cada vez más adeptos
porque ofrecen perspectivas, reformas y felicidad.
Hemos comprendido
que La Montaña Más Alta remite, o se parece muchísimo, a Sendero Luminoso.
Reconocemos su modo de actuar: banderas rojas, hoces y martillos pintados en
las paredes, fogatas en las colinas y, sobre todo, coche bombas, voladura de
torres eléctricas, apagones, etc.
Juan se aleja de la Fraternidad. Prefiere la lucha armada, lo que
preconiza La Montaña Más alta, cuyo objetivo es tomar la capital y transformar
el caos en revolución.
La madre de
Hortensia está preocupada. Cito el texto: «¿Cuándo va a terminar esto?», se
pregunta, diciendo que los terroristas están a punto de tomar la ciudad. «¡Dios
mío!».
Hortensia le
responde: «No son terroristas, mamá, son rebeldes que se han levantado y muchos
hombres y mujeres los siguen».
Hortensia ya sigue
a los de La Montaña Más Alta.
Y toda esta
dinámica que se ha puesto en marcha, desde la sierra y que se extiende por la
ciudad, culmina —porque así termina la novela— en una gran marcha triunfal,
entre comillas, encabezada por los insurgentes.
Me detengo aquí. No
voy a contar más.
Así pues, estamos
entre distopía y utopía, es así como podríamos calificar esta historia: la espantosa
situación de sometimiento y explotación en la que viven los trabajadores
constituye la distopía. Esta les lleva creer en la posible utopía que proponen
los insurgentes de La Montaña Más Alta.
Es una novela
escrita sin concesiones al sentimentalismo ni a lo irrisorio. Se inscribe en la
tradición de una literatura comprometida, deliberadamente al servicio del
pueblo trabajador y que corresponde al tipo de teatro que practica Alberto.
Sin embargo, los
personajes no están definidos únicamente por su condición proletaria. También
encontramos personajes de gran complejidad. El personaje de Hortensia y la
trayectoria de esta mujer son interesantes: una mujer muy sometida y
conformista que va tomando conciencia de sus derechos y hace grandes esfuerzos
por salir de su situación.
Pero creo que el
personaje mejor logrado es el del joven Camilo. Camilo es un muchacho muy
curioso, etc. Bueno, no quiero revelar el final de la novela. La novela termina
también con una frase muy hermosa, pronunciada por Camilo, una frase cargada de
melancolía: «Porque todos estamos solos delante del mar».
Y no olvidemos
tampoco a otros personajes, por así decirlo. Me refería a los perros callejeros,
perros abandonados, que se han vuelto muy astutos porque tienen que sobrevivir.
Son como dobles de los seres humanos, sus reflejos, etc. Esto también
constituye una especie de guiño, como sucede con los locos que vagan por la
ciudad. Es una alusión a ciertas imágenes de los años ochenta relacionadas con
los animales: los perros sobre los techos de las construcciones inacabadas, los
perros callejeros que son eliminados, los perros colgados de los postes de
alumbrado como primera manifestación de Sendero Luminoso en
Lima.
La novela fue
escrita hace más de veinte años, pero creo que también tiene sentido en la
actualidad. Y tiene un doble significado, porque siempre es importante no
olvidar, no hacer borrón y cuenta nueva del pasado, como quisiera hacerlo, muy
especialmente en estos momentos, cierto programa cultural y educativo.
Muchas gracias.

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